Serpiente verde Viene de lejos, parece amenazante, pero eso surge de mi actitud defensiva, de la inseguridad, del temor. Todos los temores están ahí en un rincón, esperando el momento de expresarse. Al verla se manifiesta uno, representante de todos, el más miedoso y quizá es el más voluminoso de los temores, el que no aguanta más, da un paso al frente y me hace dar un paso atrás al verla. Una serpiente verde. Aumenta el miedo, retrocedo yo. “Es preciso que me mantenga” – pienso – se estabiliza el miedo. Doy un paso, merma el temor, se empequeñece y ella sinuosa sigue hacia mí con decisión aunque sin prisa. De pronto se yergue elevando un tercio de su longitud, como si calibrara los posibles peligros. Mi cuerpo quiere reaccionar, se empieza a erizar el vello de mis brazos. Respiro suavemente un poco más profundo, no la miro. Me centro en mi corazón volviendo a inhalar y exalar suave y profundo. Entonces giro la vista hacia ella y observo que me mira indiferente, como si fuera u...